Esta entrevista apareció publicada en el ‘Diario de Ibiza’. Yo me limito a reproducirla aquí, para que su contenido no se quede olvidado en las hemerotecas y también para que cuanto en ella se dice pueda tener la máxima difusión posible, pues lo considero imprescindible. En otras páginas aporto más información sobre la misteriosa e inquietante relación entre la Trilateral y el llamado ‘Gobierno Oculto’. A buen entendedor…

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Joan Buades: «Matutes no se juega los cuartos en Eivissa; él está a otro nivel» 
   
 Autor de la entrevista: Eugenio Rodríguez (Diario de Ibiza)

El ex conseller y diputado de Els Verds Joan Buades (Mallorca, 1963) ha publicado un segundo libro sobre la industria del turismo. En `Exportando paraísos. La colonización turística del planeta´, que en los próximos días llegará a las librerías de la isla, Buades hace un análisis crudo del afán especulativo de la actividad turística que sólo beneficia a los grandes monopolios. Dice que de momento no piensa volver a la política porque no hay espacio para sus ideas

-En su libro explica fundamentalmente los efectos nocivos del turismo y lo compara incluso con una dictadura. ¿No tiene nada positivo?
-El nivel de crítica que existe sobre el turismo se basa en la ocupación del territorio y el perjuicio que se causa al medio ambiente. Eso es secundario. Como sociedad, deberíamos ser capaces de ver que hemos entrado en un estado de psicosis. Nuestra sociedad vive con un estrés impresionante porque la juventud de Eivissa no tiene una salida normal, vía estudios o trabajo cualificado, o no puede acceder a una casa como toca. Con una situación así, se debería reivindicar otro modelo de turismo en el que la gente pudiera encontrar trabajo, y bueno, pudiera estudiar y acceder a una vivienda y todo eso con el cuidado y respeto por la naturaleza. No se trata de un discurso antiturístico y antiempresarial, sino de una reflexión sobre la situación actual.
-¿Quiere decir que en Eivissa hoy en día no hay calidad de vida?
-La propaganda oficial sostiene que en la isla hay calidad de vida. Con números en la mano, Balears estaría un 30% por encima de la media española en nivel de vida. Esta es la teoría, pero la realidad es otra. La cesta de la compra o los alquileres son mucho más caros aquí que en el resto de España y, además, aquí hay muchísima gente que sólo trabaja seis meses al año. ¿Por qué la vaca de Eivissa da tanta riqueza y toca tan poco por cabeza? Hay muy pocos que se forran y, en principio, lo hacen para todos, pero no nos beneficiamos como ciudadanos y tenemos el peor sistema sanitario y de servicios sociales y culturales. La calidad de vida actual es peor que hace 20 años. Da la sensación de que Eivissa es un corral, donde unos pocos deciden por todos. Y cada cuatro años se organiza una especie de `happening´ electoral que se parece mucho al marketing de discoteca para ver qué marca gana, pero a nivel existencial todo sigue igual.
-¿Los malos de esta película son las Empresas Transnacionales (ETN) de las que tanto habla en su libro?
-No es una película, es la vida real. Cuando hablamos de turismo tenemos tendencia a pensar en un hotel de ses Figueretes o Sant Antoni. Esto ya es irrelevante. El producto más rentable ya no es un hotel en ses Figueretes, sino un resort, que supone coger una playa de Marruecos o Brasil para construir 400 aparcamientos, grandes superficies comerciales y campos de golf y sobre esto, utilizando a la gente de la zona para trabajar en régimen casi de esclavitud, se hace el gran negocio porque este capital consta en paraísos fiscales. El sector turístico es ideal para limpiar este dinero. En el libro se citan ejemplos de diferentes mecanismos financieros que lo permiten.
-De las cinco grandes empresas transnacionales turísticas de Balears menciona «la red hotelera Matutes» (Fiesta Hotels y Sirenis). ¿Se puede entender por lo que explica en su libro que estos dos grupos controlan el movimiento de capital de la isla?
-No. Eivissa es demasiado pequeña para el Grupo Matutes. Hay que tener en cuenta que el señor Matutes es miembro de la Trilateral, que es un órgano de gestión no gubernamental entre comillas constituida por un centenar de las personas más importantes del mundo de los negocios. Matutes es un capitalista internacional que anecdóticamente ha nacido en Eivissa y, por tanto, no le quita el sueño lo que pasa en la isla. Al señor Matutes le preocupa más que nadie diga nada malo a su hija, en su función de padre protector, que si se hacen autopistas. Que si puede sacar algún dinero…, vale, pero no se juega los cuartos aquí. En los años sesenta quizá sí, pero ahora está en otro nivel. Creo que es una cuestión más psicoanalítica que política o económica, porque no quebrará ni se enriquecerá de forma sustancial con esto. En otros países hay sectores económicos que contaminan mucho y generan mucho dinero, pero al menos tienen la decencia de hacer un cierto mecenazgo. Grandes empresas automovilísticas de Alemania se están gastando un dineral en una campaña de bibliotecas para que la gente joven empiece a leer. En Balears o Eivissa, la única vez que los empresarios se han juntado para hacer un mecenazgo ha sido para regalar al Rey otro yate. Eso da rabia.
-¿Qué haría si fuese conseller de Turismo?
-(Se ríe) Eso es imposible.
-¿Pero qué deberían hacer los organismos públicos para reconducir la situación?
-Las administraciones públicas de aquí son camareros de los grandes intereses económicos. Eso no puede ser, el mecanismo tiene que cambiar, sobre todo porque hay que tener en cuenta que cuando estas empresas ganen más dinero en otras zonas nos dejarán tirados. Las administraciones públicas deben empezar a marcar el terreno. El sector turístico de la isla está descualificado y ni siquiera absorbe a los estudiantes de Turismo, a los que no se les paga como corresponde. Tenemos directores de hoteles que no saben hacer cuentas, cuando hay mucha gente con título en el paro o subcontratada. El sector turístico debería liderar la reconversión ecológica de todos sus servicios: residuos, agua, energía y hacer ostentación de ello como imagen de una marca que no tiene nadie en el Mediterráneo.
-¿Volverá a la política?
-Ahora no. Ni me lo planteo. Me impliqué cuando pensaba que había un mínimo espacio para colocar una serie de temas. Ahora lo máximo que podría pasar es que hubiese un cambio de gobierno que permitiese que lo que sucede en Vila pase en toda Eivissa y Formentera, o seguir igual. La diferencia es cuantitativa, no cualitativa. No creo que valga la pena ni presentarse, obviamente porque no hay posibilidad de obtener éxito y no se puede cambiar nada. El espectáculo que hay en los dos lados desde hace cuatro años es bastante elocuente.
-Veo que sigue enfrentado tanto con la izquierda como con la derecha.
-Dicen que todos son iguales, pero no es lo mismo un grupo de personas capaz de cambiar una ley para resolver el problema que pueda tener el señor Cretu con su casa, que el caso de una persona que si no estuviera en política trabajaría en el aeropuerto. Cualitativamente no es lo mismo. No se puede comparar, pero el nivel de relevancia de cambiar algo de fondo es el mismo. Unos no se atreverán porque podrían perder dinero o status profesional y otros porque los pagan para hacer otro trabajo. Me acuerdo que la pasada legislatura, la mitad de los diputados ibicencos a media sesión se iban a dar una vuelta por Palma. Ese es el nivel de aquí.
-¿Cómo ve los problemas de la izquierda?
-Quiero recordar que en 2003 había gente que decía que por culpa de una persona y un partido la experiencia progresista se fue al traste. Desde entonces no queda ni un solo diputado progresista de aquella época, incluida la presidenta de las Pitiüses. El PSOE ha eliminado sus altos cargos y ha fulminado su estructura. La Plataforma Antiautopista ha quedado deglutida por el resto de la izquierda parlamentaria a la que ya le iba bien cualquier cosa. Tengo la sensación que en el PP el nivel de sus votantes supera al de sus dirigentes. El señor Marí Calbet se atrevía a decir hace unos días cosas que los dirigentes de su partido no serían capaces de admitir. Estamos en una sociedad supertribal, con muy poca cultura, donde el interés es tú o yo.
-¿No se siente culpable de que la izquierda no gobierne?
-Qué dice, hombre. Imagínese que los maestros de la Segunda República se sintiesen culpables del golpe militar de 1936. No hay que confundir un fracaso electoral con una especie de pecado o con algo diabólico. El problema no es de individuos sino de la sociedad. Es infantilismo o psicosis decir que todo es culpa de que una persona no lograra un cargo o del señor Matutes. Es algo más complejo. Honestamente, nosotros dijimos que las cosas no iban bien y que había que tirar hacia la defensa del medio ambiente y la defensa de la gente. No nos hicieron caso, pero nos hubiera gustado que hubiese ido bien. Nadie podrá decir de nosotros que seamos unos corruptos. 

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