El auge del radicalismo individual dificulta el eficaz control de las células islámicas. Desde occidente se incita a los regímenes de esta región de África al control férreo de su territorio a través de la represión y la prevención. Una política que se acentuará tras los recientes atentados en Marruecos y Argelia.

La Nación/Carla Fibla (La Vanguardia)

Las alarmas y luces rojas se suceden en los servicios de seguridad de la región, entre los agentes secretos de gobiernos árabes, occidentales y africanos. Los investigadores colaboran para intentar adelantarse a la rápida expansión del nuevo terrorismo, más individualista, cuyos tentáculos se han hecho visibles en la norteña región africana del Magreb, tras los ataques del martes en Marruecos, donde tres suicidas que portaban bombas mataron a una persona e hirieron a docenas, y del miércoles en Argelia, que mataron a 23 personas e hirieron a otras 162.

Estos atentados, que sacudieron las ciudades de Casablanca (Marruecos) y Argel (Argelia), situaron a los regímenes del monarca marroquí Mohamed VI y del Presidente argelino Abdelaziz Buteflika en el mismo punto de la mira terrorista que al del tunecino Ben Ali

Bajo el paraguas de la red Al Qaeda y de organizaciones consolidadas en las décadas de los ochenta y noventa como el argelino Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), el Grupo Islámico de Resistencia Tunecina (GIRT) o el Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), existen en la actualidad miles de simpatizantes en el Magreb y en Europa que se movilizan y actúan sin necesidad de estar dirigidos por nadie, ni de ser financiados ni controlados por una organización islamista radical concreta.

Cada mes las autoridades de Marruecos anuncian la desarticulación de supuestas grupos dependientes del movimiento salafista, que reunían información y se entrenaban para cometer atentados terroristas, mientras que los investigadores advierten de que hace casi cuatro años que la intensa represión policial ha impedido la formación de nuevos movimientos radicales islamistas.

Pero, al mismo tiempo, las detenciones arbitrarias, los secuestros, las sesiones de torturas y las condenas sin pruebas han potenciado de forma alarmante la movilización de individuos, de células de un máximo de cinco personas o grupúsculos formados a su vez por células durmientes, preparados para pasar a la acción.

El funcionamiento del terrorismo que crece en la actualidad en el Magreb se basa en la autofinanciación, carece de medios para la fabricación de explosivos profesionales y actúa bajo el constante acoso de las fuerzas de seguridad.

La precariedad de este sistema debería permitir su desmantelamiento, pero el fenómeno de la pobreza, el descontento y el hecho de carecer de una vida digna está tan extendido en la región, que parece que terminar con la desesperación de tantas personas es casi imposible.

NUEVAS AMENAZAS

Aun así, desde los ministerios de Justicia e Interior marroquí se lanzan los nombres de nuevos grupos localizados, como la reciente creación de Al Qaeda del Magreb Islámico, que en enero de este año anunció que aglutinaba a los principales movimientos a favor de la Jihad en el norte de África, o células como la de Ansar el Mehdi, desarticulada a finales del año pasado.

También hay nuevos grupos extremistas, como la Línea de los Seguidores de la Justicia, que nacen en las prisiones del reino marroquí. Es el caso del grupo del kamikaze Abdelfetah Raydi, que fue amnistiado por el monarca alauí (dinastía reinante en Marruecos) en el 2005 después de haber reclutado a islamistas que fueron juzgados y condenados a veces sólo por su apariencia física o por rezar en una mezquita considerada radical, pero a quienes los interrogatorios y el paso por prisión cambiaron el sentido de sus vidas.

En Argelia, el fracaso del Plan de Reconciliación y Paz Nacional, aprobado en referendo en septiembre del 2005, ha permitido que resurjan los enfrentamientos y atentados en la región de la Cabilia, e incluso en la capital, Argel.

En lo que llevamos de año, más de 120 personas han muerto y hay pueblos como Mirach y Aman en Bejaia, donde las familias están huyendo del rebrote del terrorismo y de la contundente respuesta del Gobierno a través de un importante despliegue de la gendarmería argelina.

También en Túnez, donde hay mil personas condenadas por terrorismo, se han detectado movimientos del GSPC, a los que intentan combatir con redadas y seguimiento de posibles simpatizantes del grupo Monoteísmo y Yihad, de reciente creación.

LA CIA Y SAHEL

El escaso intercambio de informaciones entre Argelia y Marruecos, debido al histórico enfrentamiento político por el contencioso del Sahara Occidental, está impidiendo una eficaz coordinación entre los servicios secretos, como, según fuentes diplomáticas en Rabat, existe entre Marruecos o Argelia y España, Francia y Estados Unidos.

En el caso de Túnez, el hermetismo del régimen de Ben Ali ofrece pocas explicaciones cuando el país también ha tenido que enfrentarse a atentados terroristas en emplazamientos turísticos, o cuando desde Europa se ha advertido de la actividad de individuos que residen en alguna capital europea como inmigrantes legales, y el país magrebí donde realizan sus contactos.

La preocupación es general porque sus consecuencias afectan no sólo al Magreb.

De hecho, según un informe de la CIA, debatido recientemente en Bélgica, sobre el peligro de los grupos terroristas que circulan por Marruecos, Argelia y Túnez, los entrenamientos en el Sahel, también conocido como el Gran Sahara, y la incapacidad de los regímenes magrebíes para controlar las maniobras y acciones terroristas cuyo objetivo es Europa, podrían obligar a Estados Unidos a centrar su estrategia en la erradicación del terrorismo desde la raíz, en el Sahel.

El informe ya especifica que se trataría de un enfrentamiento que podría prolongarse durante siete u ocho años, cuya primera etapa contará con un presupuesto de 600 millones de dólares.

Estiman que son cientos los combatientes que están siendo aleccionados en unidades móviles y que en su mayoría provienen del GSPC. Son algunos detalles de un plan mucho más avanzado de lo que parece y que, sin duda, ya ha comenzado a ponerse en práctica.

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